martes, 8 de septiembre de 2009

Navegando en las profundidades del proceso constituyente

por Lucas Cerviño

No quiero cerrar los cuatro rincones de mi casa
ni poner paredes en mis ventanas.
Quiero que el espíritu de todas las culturas aliente en mi casa con toda la libertad posible. Gandhi


Aguas profundas que frenan la gestación del cambio
Este vino nuevo que se ha ido gestando en el país gracias a que los “oprimidos empiezan a ‘proyectar hacia fuera’ al opresor que forzosamente hospedan dentro de sí” es el germen y fermento del actual proceso constituyente. Proceso que corre el riesgo de perderse simplemente porque no somos capaces de tener vasijas nuevas. Los motivos de esto son varios: algunos continúan viviendo y acercándose a este vino nuevo con “esquemas antiguos”; otros para distribuir y repartir el vino nuevo recurren sin darse cuenta a las vasijas viejas; y también están algunos pocos, pero con mucha influencia, que simplemente desean que todo este largo proceso sea un pedazo de tela nueva en un vestido viejo, que defienden a regañadientes.
Para el autor el mito “del sino” o “destino adverso” latente en el siglo XX boliviano “es la creencia que el boliviano tiene de que una fuerza hostil, un poder nefasto condena al país a una penosa existencia y que lo hace su víctima inocente impidiéndole alcanzar la plenitud de su ser”
Los cambios externos exigen conversión del corazón y la mente
Tal vez el gran desafío de estos tiempos pre y post Constituyentes es gestar odres-vasijas nuevos que sean capaces de contener el vino nuevo. Estamos viviendo el “momento maduro para el proceso de liberación. Primero en la mente. Después en la organización. Finalmente, en la práctica”
¿cómo lograr esta conversión del corazón y la mente? Creo que el camino es uno y arduo. Sólo el agudizar, desarrollar y potenciar la dimensión espiritual del ser humano nos puede permitir esto. Sólo el navegar en las profundidades evitando quedarnos en la superficie dará vida nueva a cada uno y una que apostamos por el cambio. Y cuando hablo de dimensión espiritual me refiero a desarrollar esa espiritualidad que puede conducir a cada uno/a de nosotros/as a tener una visión amplia de la realidad, una experiencia integral de la vida, haciéndonos sentir parte de un Todo que nos invita al compromiso por una sociedad justa y sobre todo fraterna.
Seamos sinceros; podemos lograr tener el vino nuevo, pero si no generamos las vasijas nuevas todo el esfuerzo de años se perderá como el mejor vino derramado en tierra.
Una espiritualidad incluyente que ama la diversidad
El contexto en el cual vivimos nos exige una experiencia de fe que sepa romper con ghettos o grupos auto-referenciales, que encuentre su identidad en el diálogo y no en el miedo, que sepa descubrir lo común desde lo diferente y no lo que nos separa. Una experiencia que dé vida a una espiritualidad de inclusión como una vivencia fundante para este proceso constituyente y como ya hemos dicho antes también mundial. Inclusión que se alimenta del respetar y valorar la diferencia para re-crear un nuevo orden del cual nos sintamos todos sujetos y actores partícipes. Inclusión tan presente en la experiencia espiritual andina, donde lo opuesto o diverso es complemento y por lo tanto necesario. No hay armonía cósmica entre la divinidad, los seres creados y la naturaleza si no somos capaces de descubrir que todo está en relación y que nos necesitamos unos a otros por más diversos que seamos.
Es urgente una experiencia que reconoce que “el diálogo, el ejemplo y el servicio son las formas más adecuadas de expresar el amor al prójimo en nuestro mundo” y por ello origina una corriente de vida (o espiritualidad) que se sumerge y brota desde los aspectos sociales, políticos, culturales. Será esta experiencia integral de la Vida la que nos permitirá gestar las vasijas nuevas que exige el nuevo vino que va madurando en lo íntimo de tantos bolivianos y bolivianas.
“Vasijas nuevas para el vino nuevo”
El desafío está frente y en nosotros. Si queremos ser sujetos de nuestras vidas y de la sociedad el camino es empezar por uno mismo ya que la liberación comienza en liberarnos del conquistador y colonizador que llevamos dentro. Desde allí recuperar nuestra dignidad y, desde una práctica que testimonia nuestros anhelos de una vida plenamente humana, generar cambios estructurales.

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